martes, 16 de noviembre de 2010

Pan, mermelada, un plato se ha roto

Otra vez, las rejas eran mi compañía. Una noche más, que el destino había planificado para mí encerrándome en una celda, una celda que aprisionaba mi mente; mi dolor.

Me balanceaba sobre la misma silla naranja acolchonada que había puesto en el lugar. La última canción que se reproducía era de Panda. Se puso helado, y a mi el té helado, no me sabía amargo. Y se derretía, y bajaba, y se deslizaba; la mantequilla con la mermelada, untadas en mi pan crocante.

Un contacto más, un contacto menos; todos me hablaban a través del correo.

Hay cosas que nunca voy a entender (o eso pensaba), cosas como ¿por qué ellos nunca estaban allí para mí? ¿por qué le dedicaron más tiempo a ella?. En un principio, obtuve mi respuesta: está enferma.

Dios dice que debemos ser tolerantes con los demás. Dios, me sobre pasé de los límites. Eso no era tolerancia, eso era regalarle mi tiempo a ella para que lo pasara con mamá.

No importa (así se oía mi consuelo), tú estás bien, y eso es lo importantes; mejor, busca algo en qué ocupar tu tiempo, verás como todos tus problemas los olvidas.

¿Quién olvida sus problemas? Nadie, por más que se jure el muy piedra.

Ya, trataba de engañarme; pero, esa era mi única solución a todo.

Un plato se rompió, se escuchó.

Están mojadas de nuevo, las lágrimas las siguen empapando. Buscaré más papel higiénico.

Grito, taza, y ruido una vez más. Otra cosa, se rompió.

Toqué la puerta, y me dijo: cálmate, ya todo va a pasar.

Me senté, recosté mi cabeza en la pared helada y pensé: ¿se habrá acabado mi pan con mermelada? No quiero subir, otra cosa se acaba de romper.


Mi yo extraterrestre


Ayer arrancaron todas estas hojas de un cuaderno que era rojo. Aún tiene las grapas colgando de un lado. He pensado en pegarlo, tratar de arreglarlo de alguna manera. Han pasado dos años desde que arrancaron las hojas del cuaderno, y nadie se ha preocupado por él. Creo que yo llegué en el momento indicado.

Ha pasado ya un mes. Dudo que todo esté normal, bueno, eso opinaba la señorita cuando me vio ingresar. Las carpetas están vacías, pero a través de ellas juegan el viento y el tiempo; a ver quién se alcanza primero.

¿Me recordarán? Era pequeña, tenía el cabello sujetado, llevaba el mismo uniforme que todas las demás, y la chompa; era un poco más grande de lo normal. Había ajustado muy bien las cintas del cabello, como para que ningún mechón estuviese suelto.

Han crecido, ese ha sido el mayor rumor del verano; que todos han crecido y han cambiado. Que cada uno ya está marcando un curso, que cada uno ya se ha inventado su propio discurso.

Mi madre aún sigue pensando en que todo eso fue una idiotez. El dejar que me saliese de la antigua escuela, y el meterme en la que siempre estuve. Sí, madre, fue una tontería, una idiotez; algo que sólo tu hija, puede pensar.

¿Acaso me sorprende que me llamen rara? Hola, soy rara. Espero que tú tengas muchas copias, como para no considerarte raro. Colócales muchos hilos, así las podrás manejar a tu antojo. Y si quieres ponerles un nombre: Marionetas.

Has descubierto algo ¿Qué estoy loca? ¿Qué soy rara? No, que he nacido al revés. Que Dios me ha concedido la mayor gracia: Nacer al revés. Mi cuerpo nació al revés; mi mente y mi ser, también.

No me sorprende ni un poquito, porque en todos estos escritos, hay cosas que no coinciden con lo real. Porque, en parte no soy real. En parte tengo un yo extraterrestre.

Creo que nací al revés


Sigue lamiendo su hueso, lo dejé así hace 10 minutos. Ha crecido bastante Berto, tal vez le tome una foto y se la envíe a Anthy, así podrá ver lo grandecito que está.

Están arrugados, ya han pasado dos años desde que leí estos apuntes. La tinta de los dibujos está algo corrida, dibujos, los que hacía en el mediodía.

Este suena interesante:

Hay días que despierto confundida, por todas las verdades que me rodean y que tratan de eliminar cada una de las mentiras inventadas por un alma traviesa que esconde ésta, mi mirada inocente.

Correr riesgos se ha vuelto mi pasión, una desenfrenada idea que mi mente anda maquinando, mientras yo en un banco estoy descansando.

Así empezó todo, y así culminará toda cosa que ocurra dentro de los márgenes de mi vida.’

Y me pide que redacte sobre su vida, si acá en los apuntes todo está más claro, más que el agua.

La idea pasó rápidamente por mi mente, más rápido que viento de invierno. Solamente era cuestión de editar cada uno de ellos, hacerlos encajar; tal vez no a la perfección, pero que cada uno sirviese como punto de enlace hacia el otro.

- ¿Aló? ¿Max? Sí, soy yo. Descubrí la manera de hacer nuestra tarea menos compleja.

- Habla rápido, me dejas pensando.

- Los apuntes, allí está todo. Reúne los que tú tengas, y tráemelos en la mañana.





Lo narrado en las siguientes líneas

Es una recopilación de las notas y apuntes

Encontrado en una libreta, azul con líneas blancas.

Anthea Marietta


- - Cierra los ojos, ¿qué ves?

- - Un cuarto, las paredes…

- - ¿Qué pasa con las paredes?

- - Están empapeladas por hojas de periódicos y revistas, remarcadas con un plumón rojo.

- - ¿Qué más puedes mirar?

- - Una luz tenue, dos puertas.

- - ¿A dónde se dirigen las puertas?

- - Una hacia otro cuarto, una sala; la otra, es de un armario.

- - ¿Puedes observar lo que contiene el armario?

- - Una caja con un cofre dentro de sí.

- - ¿Qué hay en el cofre?

- - Una pulsera con angelitos y trompetas, es de plata; una carta borroneada; y miles de fotografías.

- - ¿Cómo son las fotografías? ¿Qué contienen?

- - Paisajes, naturaleza, como si el mundo fuera una rareza. Todas bajo una misma firma: un círculo con tres puntos dentro.

- - ¿Conoces esa simbología?

- - Se me hace familiar… recuerdo a una chica del instituto que solía dibujar algo igual.

- - ¿Cómo se llamaba?

- - Anthea Marietta, tenía 15 años.

- - ¿Puedes describirla?

- - Es difícil de hacerlo, era impredecible, mucho de lo que hacía no tenía un comienzo, ella era… como una flor que poseía una bomba en sus raíces.

Terminó la cita con Sandra, salí del consultorio. ¿Por qué recordé la habitación de Anthea? A veces me pregunto cómo estará, qué será de ella, pero… ¿por qué la tengo tan presente?, lo nuestro se acabó hace ya mucho tiempo. Su último recuerdo fue uno de los más raros y peculiares:

- ¿A dónde vas? ¿Nos volveremos a ver?

- Sabes que lo mío, está dictado por un destino, que ni yo misma conozco. Sabes también que esto no es fácil, pero lo que no sabes es lo que está por venir; no para mí, para ti.

¿A qué se refería? Anthea a veces era rara, pero era linda, una gran persona detrás de todo ese huracán que poseía de personalidad.

Caminé a través de las calles, pasé por el parque con la gran pileta al cual solía ir constantemente con ella; empezaba a llover, lo mejor era apurarme.

‘Bruno, recuerda algo: sólo importas tú’ Está por terminarse mi taza de café, ya sonaron las 11 campanillas y aún no recibo la llamada de Max, ni siquiera puedo terminar estos trabajos; algo anda mal. ¡Aaaaaaaaaaaaaaaa! (grito desesperado) ¡¿Qué me estás haciendo Anthea?! ¿Qué pasa contigo? ¿Dónde estás?

Suena el teléfono. – Vaya, ya era hora -, contesto.

- ¿Aló?

- Shhhh, no digas mi nombre, soy Max. Bruno, estoy en casa de tu Julietta, (suelta algunas carcajadas) me llamó en la tarde, acaba de llegar de viaje. No sabe que te he llamado, desde que la recogí en la tarde no me mencionó para nada tu nombre; lo que si te digo es que está bien guapa…

- ¡Bruno! ¿para eso me llamaste? Si esperaba tu llamada era por lo de Redacción, aún no me has pasado los apun…

Escuché de fondo su voz, algo como: ‘¿A quién llamas Bruno?’

- Oye galán, tengo que colgar, regresó tu Julietta y tiene donuts en la mano. Te llamo más tarde, uhmm… ¿un cuarto para las 12 está bien? Empieza con el trabajo, no lo olvides.

Parece que el agua hoy en día se enfría muy rápido, este café lleva 5 minutos de servido y está como paleta congelada. ¿Por qué no quiere hablarme? ‘Bruno, ya deja de tener alucinaciones’ ese es mi gran consuelo. El trabajo es interminable, llevo 48 páginas y no he avanzado ni la mitad, necesito más café, con menos azúcar.

- Veamos… ¿Anthea conectada? Ja! No es posible, es la 1 .18 a.m. nunca se conectaría tan tarde… a menos que…

- Hola

- Hola Anthea, ¿cómo has estado?

- ¿Te acuerdas de mí?

- Claro, ¿cómo poder olvidarte? Cuéntame ¿cómo has estado?

- Bien, gracias por preguntar. Lo raro es lo tuyo, ¿por qué te quedas despierto tan tarde? ¿nueva chica?

- No, sabes bien que no estoy con nadie. Estoy haciendo algunos trabajos, ¿qué hay de ti?

- Cuido murciélagos

Vacilamos

- ¿Cuidas murciélagos? Jajaja, ¿sólo eso?

- En realidad… he regresado al país porque me he enterado de muchas cosas.

- ¿Pasa algo, Anthy?

- Sí, y tú lo sabes. ¿No te parece extraño que me menciones en una charla con tu psicólogo?

- ¿Quién te ha dicho eso?

- Eso es lo que menos importa. Lo que importa es que… tú eres algo que necesito en este momento, y tu ser te lo está mostrando.

- Bah! ¿Empezarás con eso de nuevo? Deja la droga ya, jajaja, ¿es en serio?

- Sí, porque si fuera de otra manera, estaría durmiendo plácidamente.

- Entonces, dime, ¿qué te pasa?

- Es mi madre, está enferma. Tiene cáncer terminal, el médico ha dicho que apenas le queda un par de meses.

- ¡¿Cómo?! Pero si era tan joven…

- Me ha pedido algo, que según ella es importante.

- ¿Qué es?

- Que le escriba una nota, y que se la lea antes de morir.

- Eso es simple, hazlo.

- Quiero que sea algo especial… no pasamos mucho tiempo juntas.

- ¿Algo como qué?

- Bruno, no tengo mucho tiempo, a ella le quedan meses, y a mí menos de un día como para quedarme y escribir la nota.

- ¿Qué pretendes hacer?

- En mi trabajo me necesitan, mañana tomaré otro vuelo, pero antes… ¿podemos vernos?

- Claro ¿te parece bien en el parque a las 9 de la mañana?

- Perfecto, estaré ahí

Está pasando por un mal momento, nunca la había visto así.

Las petunias que bordeaban el árbol de hojas naranjas, eran preciosas. Arranqué algunas, pensaba en dárselas. Nunca le gustaron los detalles muy femeLukes, decía que eran para las personas dulces, y ella no se consideraba una así.

- Bruno, gracias por venir.

- Anthy, ha pasado tanto tiempo…

- Lo sé, y es una lástima que nos tengamos que ver por algo malo que estoy pasando.

- Al contrario, si es para ayudarte, me parece excelente el verte.

- Bruno, no sé como decirte esto, lo he pensado toda la mañana… bueno, lo diré de la mejor manera que sé:-me lo relató rápidamente --el problema se agravó. Recibí una llamada la semana pasada de mi tía, ya la internaron en la clínica Rivero; cuando conversé con mi tía, me comentó esto de la nota… Bruno, no sabes cómo me siento.

- (La abracé) Anthy, sé que no te puedo entender del todo, pero sé lo duro que debe ser para ti. Te ayudaré en todo lo que necesites, cuenta con ello.

- Sólo necesito una cosa, que tal vez te lleve tiempo.

- ¿Cuál es?

- Tú más que nadie, me conocía muy bien. Conocías todo lo que pasé, todo lo que los demás no podían ver. Necesito que lo escribas, no algo formal; sino, algo que demuestre los recuerdos y memorias que guardan cada momento.

- Uhmm… es un poco difícil, pero… si es lo que necesitas que haga por ti; lo haré.

- Gracias Bruno.

- ¿Has pensando en ello?

- ¿En qué?

- En lo pasado…

- (Miró al reloj) Ya es casi tarde, y tengo que estar en el aeropuerto; sí, lo he pensado demasiadas veces y lo que te puedo decir es que… nunca te olvidé. Te dejé aquí porque sabía que te necesitaba aquí, no en otro lado, aquí, te necesitaba aquí. Ahora yo me voy, pero no te preocupes, regresaré; después de que esto pase. No soy cobarde, tú lo sabes bien. Cuidate, pensaré en ti todo el vuelo

- Anthy… te quiero.

(Me besó, no, la besé; tal vez, nos besamos) Tomó el primer taxi que paró, y se dirigió por la avenida central.

¿Qué escriba sobre ella? ¿Una nota? ¿Una sola nota? Anthy, tú sí sabes meterme en los buenos líos. Extrañaba eso de ti.

Caminé alrededor de la pileta. ¡Está pirada de la cabeza! Bueno, es algo difícil ¿escribir sobre ella? Ja! No me ha dado una vida, tan sólo unas cuantas semanas.

- ¿Aló?

- Casanova, jajaja soy yo, Max. Anthy me ha dejado una cajita para ti ¿estás en tu departamento? Estoy yendo para allá.

- No, Max, estoy en la pileta del parque Maleztra, ven acá, necesitamos hablar.

Llevábamos esperando 15 minutos por una pizza tamaño familiar, el ambiente olía a granos de café.

- ¿No te dijo nada más?

- No, la noté como nunca: apurada.

- Tenía un vuelo para hoy, ya despegó hace 30 minutos.

- ¿Por qué no le dices la verdad? Ella sí te ama, Bruno. No seas tonto.

- Eso no importa ahora, me ha pedido algo que me es difícil de realizar.

- ¿Qué cosa? ¿Bañarte? Bah! Te presto jabón.

Vacilamos.

- No, Max. Escribir sobre ella; es para su mamá, está en la fase terminal del cáncer.

- ¡¿Qué tú escribas sobre ella?! ¿Se ha vuelto loca o qué?

- Necesita ayuda, tiene que acabar su carrera y ahora se le presenta esto.

- ¿Para eso era la cajita?

- No sé ¿la traes contigo?

La sacó de su morral y me la entregó

- Ábrela, así saldremos de las dudas

La reconocí, reconocía la caja. Era de madera con grabados de cobre y rubíes. Se la regalé en la clase de Literatura, cuando tenía que presentar las cartillas de información.

- ¿Papeles, un joyero y un bolígrafo? ¿Qué significa, Bruno?

- Que estoy obligado a escribir sobre ella, y que tú me tienes que ayudar.

- ¿Y yo qué hice para merecer esto?

- Ser nuestro amigo.

‘Como quien no quiere la cosa’